Como los libros fortalecen la imagen de Dios en tus hijos.

Por Ricardo García

Hace unos días me compartieron una noticia la cual decía que el gobierno en Suecia pretende con relación a la educación de los hijos, volver a los libros y dejar atrás el uso de las pantallas, o por lo menos, reducir o regular su uso. Esto por los efectos negativos que han observado en los más jóvenes y no tan jóvenes.

Cuando como padres dentro de la comunidad educativa hablamos sobre este tema, especialmente sobre los efectos negativos que deja el uso desmedido y no controlado de las pantallas y pensamos en sustituirlo por el uso de libros, es fácil caer en una falsa dicotomía pensando que de lo que estamos hablando es de “tecnología versus el pasado”. Pero la realidad es que debemos filtrar todo a la luz de la Escritura y evaluarlo desde una perspectiva de pacto. Aunque sabemos que el uso de las pantallas repercute negativamente si se usan indebidamente, tememos hablar del tema sobre todo si estamos cerca de nuestros hijos o de familias jóvenes porque atraviesa nuestra mente la idea de que seguramente pensarán que estamos atrapados en la “prehistoria”, pero quisiera dejarte una perspectiva bíblica de cómo evaluar este tema sin llegar al punto de “satanizar” sino desde la Escritura.

Pienso que debemos empezar partiendo del hecho de que nuestros hijos fueron creados a imagen y semejanza de Dios, esto nos ayudará a entender la tarea y propósito que tienen y concluir que todo aquello que entorpezca o los desvíe de este propósito debe ser hecho a un lado.

El hombre fue creado a imagen de Dios en ciencia, justicia, santidad y con dominio sobre la creación, eso significa que Dios le dio al hombre una mente capaz de pensar, razonar, gobernar, crear, trabajar y discernir. La educación cristiana, por lo tanto, es un proceso de desarrollar esa imagen para ejercer dominio fiel sobre el mundo que Dios hizo (Gén. 1:28).

Las pantallas siendo mal utilizadas tienden a debilitar varios aspectos de la imagen de Dios en el hombre, y por otro lado, los libros (la lectura) tienden a fortalecerlos. Déjame darte 4 puntos que considero importantes de cómo la lectura fomenta la imagen de Dios en el niño… y los no tan niños.

1. La lectura fomenta el pensamiento.

R.J. Rushdoony mencionó acerca de la educación que no es entretenimiento, sino preparación para el dominio y la responsabilidad. Y estamos de acuerdo con esta afirmación, principalmente porque cuando ponemos al entretenimiento en el centro de la educación, estamos dando el mensaje que el niño es el centro y no Dios. Esto implica varios problemas, porque como responsables de la educación de los hijos, tenemos que modificar tanto el currículo como los métodos para complacer al niño. No digo que la educación no deba ser divertida, sino que la diversión o el entretenimiento no deben ser el centro, porque el niño está siendo capacitado para ejercer su tarea bajo Dios con éxito, no para ser entretenido.

Desgraciadamente el uso indebido de las pantallas se centra en el entretenimiento, se vuelven “nanas virtuales” de los hijos, y su pensamiento queda cautivo a lo que la pantalla le da. Por otro lado, los libros fomentan el pensamiento. La lectura fortalece la mente que Dios le dio, leer exige que tu hijo piense, analice y recuerde.

2. La lectura los entrena en el dominio propio.

Proverbios 25:28 dice: “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.”

Como padres, a toda costa debemos fomentar el autogobierno en nuestros hijos, como dice este proverbio, un hombre carente de esta virtud es presa fácil para los enemigos, para todo tipo de filosofía e instrucción ajena a la Biblia. ¿Qué padre en su sano juicio dejaría a su hijo a expensas de aquellos que quieren hacerle daño? Ninguno.

Cuanto más tiempo nuestros hijos pasan frente a la pantalla, menos pacientes se vuelven, todo lo que quieren está a un “clic” de distancia, o a un simple movimiento de dedo. No cabe duda de que la tecnología debe servir al hombre para poder ejercer su llamado bajo Dios agilizando y facilitando, pero no para entorpecerlo. Tal vez muchos recursos que usamos en el pasado están quedando fuera de circulación; por ejemplo, es mucho más fácil encontrar el significado de una palabra en Google que en un diccionario físico, sin embargo, debemos tener cuidado de no estar descuidando el fortalecimiento del dominio propio por cambios rápidos y recompensas instantáneas. Recuerda que la educación es preparación para el llamado bajo Dios y que la disciplina es un acto moral. 

Un niño que lee aprende a enfocarse, a tener paciencia, a terminar lo que empieza. La lectura de ninguna manera fomenta recompensas instantáneas, sino disciplina y los entrena en el dominio propio ayudándoles a vencer la pereza.

3. La lectura despierta imaginación y creatividad.

Un aspecto importante de la imagen de Dios en el hombre es la creatividad, tenemos un Dios creador y creativo, cuando observamos la creación no podemos dejar de maravillarnos por lo perfecta y hermosa que es. Cuando leemos la narración de la creación en Génesis podemos ver que no hay nada dentro de la misma que no tenga un significado y propósito, todo lo hecho fue pensado con anticipación.

El hombre al tener el llamado de ejercer dominio sobre la creación tiene el llamado de poner en marcha su creatividad para servir al prójimo, para avanzar el Reino de Dios desarrollando nueva tecnología, ¿cómo podríamos crear nueva tecnología sin creatividad o imaginación? Sería imposible. 

El uso mal encausado de las pantallas vuelve al niño un consumidor pasivo; es tal el avance de la tecnología que no hay necesidad de separarse de la pantalla para obtener algo, todo está allí para ser consumido. Aunque no podemos negar que este aspecto nos ha facilitado mucho la vida, debemos reconocer que puede convertirse en un peligro cuando nos volvemos, como dije, en consumidores. El hombre en su llamado cultural de ejercer dominio sobre la creación no está diseñado para ser un consumidor de cultura sino un generador de cultura. La lectura ejercita la mente, el pensamiento, y la imaginación. En este sentido tenemos la obligación de poner en manos de nuestros hijos, lecturas que fomenten esto precisamente. No hay mejor manera de ejercitar la mente y la imaginación que a través de los libros.

4. La lectura ejercita el juicio y la reflexión.

Otro aspecto de la imagen de Dios en el hombre es el de la justicia, y esto quiere decir que el hombre de manera innata tiene un sentido de lo que es justo, y por lo tanto está diseñado a buscar esto en su día a día, el pecado por obvias razones ha corrompido esta característica a tal grado que el hombre sigue buscando justicia, solo que no sabe discernirla.

El juicio es un aspecto que debe ser ejercitado durante toda la vida, especialmente cuando se es joven.

“Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” Hebreos 5:13-14 

Las pantallas como mencioné entretienen y fomentan las recompensas instantáneas y vuelven al hombre un consumidor más que generador de cultura. Esto deriva en que no podemos ejercitar el discernimiento, estamos expuestos a opiniones, a declaraciones ya hechas y solo nos queda escoger con cuál nos quedamos o a cuál nos adherimos, el libro por otro lado ejercita el análisis lo cual es vital para poder discernir y juzgar. 

El juicio no solamente es una actividad mental, sino que requiere resoluciones también, es preciso que haya suficiente vocabulario para poder expresar lo que se quiere decir, el uso justo de las palabras requiere juicio también.

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder a cada uno.” Colosenses 4:6

Como podemos ver, la lectura es una gran herramienta para ejercitar la imagen de Dios en nuestros hijos y en nosotros mismos.

La cultura dominante pertenece a quienes dominan la palabra escrita. Cristianos que no leen se quedan fuera del terreno donde se definen las ideas, las políticas, las ciencias y los estándares morales. La lectura es un acto de dominio y de libertad, porque rompe con la esclavitud del entretenimiento y la pereza, entrena las mentes para gobernar y prepara al cristiano para construir la cultura de Dios a largo plazo.

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